
Fue tan difícil, pero fui fuerte. Oh debiste verme, solo lloré un ratito, al llegar y ver tu ataúd tan frio, tan inmovible. Me puse fuerte por todos los demás, ya habíamos llorado suficiente en silencio y en lo privado. Ahora debíamos estar alegres porque ya no sufrías más. Que egoísta pude haberme visto llorando a gritos porque te alejabas de mi lado… Y esas bellas orquídeas, acompañaban tu belleza de corazón. Prometo que quise hablarte más, decirte cuan orgullosa siempre estaré de ti, pero ese día a tu lado, tu silencio, me hicieron olvidar todo, solo te decía que no debiste dejarme tan sola en esos momentos, eras mi única aliada. Nadie comprenderá nuestra relación. Nadie entenderá lo profundo que tocaste mi alma. No estoy amarga con el mundo ni la vida, no te preocupes. Dios me dio más de lo que puedo pedir, tu sabiduría es algo único en la vida y lo triste es que tal vez mi atención no fue la suficiente como para absorberla toda de cuando estuviste aquí. Debí haberte llamado esa noche en la madrugada. Mi corazón se aceleraba por llamarte al día siguiente, quería contarte que salí bien en la universidad. Que no jugué ese domingo y me había doblado el pie. Tú fuiste un gran impulso.
Hoy ha sido un día más en el cual te extraño tanto. Viene a mi mente cuánto influiste en mi familia. Ese día, ese día quise ser la mejor de todas tus nietas, de hecho soy tu única nieta. Fui fuerte y no lloré mientras tu ‘cajita de paz’ se alejaba de mí y de los presentes. No te preocupes, conocemos tu amor por la libertad…y tu claustrofobia. Serás libre muy pronto y te unirás con el viento y las plantas. Ahora ellas disfrutaran tu gran corazón. Nosotros recordaremos lo mejor de tus días, tus bromas, tus apodos, frases. Yo recordaré como me engañabas solo para saber que aun era inocente. Siempre creyendo que de hecho tu amiga Cucha tenia un novio alemán llamado Alzheimer y que era mucho menor que ella. Siempre creeré que tu Marita vino de Japón, solo para que yo no sepa de mi gran regalo. Y eso me hace pensar en que siempre tocaré el teclado y te haré feliz y orgullosa. Tú siempre sacando lo mejor de mí. Yo no usé todo de negro, de hecho lleve una blusa blanca cuando me despedía de ti. Es que quiero que vayas en paz y no temas nada, sé que vas a la luz. Tuviste las flores más bellas alrededor tuyo, el silencio era de respeto y admiración. Una gran mujer aquel día dio más espacio al mundo, siempre tú, tan desprendida.
No te preocupes, yo cuidaré ahora de Tico Tico y la abrazaré y tú no tendrás nada de que preocuparte. Yo lo sé, lo supe ese día viendo el atardecer esperando por ti, venias en un cofre muy cómodo, reposabas en calor, tan cálida. Mientras el sol recaía recordé la esencia de tu alma y supe que todo lo que me dijiste en calidad de “compinchería” seria mi misión ha realizar. Es complicado para un “out-sider” pero tú y yo siempre nos entendimos muy bien. Pensé en mucho de lo que te digo ahora, ese día camino a casa, cuando dejábamos atrás ese jardín de reposo corporal eterno. Pero tomé más tiempo en escribir esta nota para así poder apreciar tu vida mucho más. Elenita estará bien, yo me encargaré de que él siempre recuerde tus palabras, y tu gordo no tendrá dolor, seré buena para él. Te despedimos con una oración de gracias, tu vida fue una bendición. Te despedí con un secretito en el oído y un adiós. Unas cuantas lágrimas siempre van a caer porque las lagrimas son los gritos del corazón, dos gritos de alegría, uno de pena y tres de emoción porque yo se que te veré aquel día en la gloria. Las orquídeas lilas estaban hermosas, perdona si yo no te llevé ninguna flor. Todo paso muy rápido, viva tú... para ahorrarnos dolor. Muy rápido entraste a tu limosina, muy rápido camine a la capilla, muy rápida fue mi despedida y muy rápido supe que era hasta hace un mes y algo más la última vez que escucharía tu voz.
Me gustaría saber que leíste esto y que sepas cuanto te amo. Sí te lo dije, y eso no me pesa. Tal vez solo hubiera querido que estés aquí, al lado de mi puerta de madera viendo que la hija de tu hijo te recuerda y adora, y que sonrió porque sé que no lo leerás, sino que yo te leeré esta carta cuando nos volvamos a encontrar.